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Aclarando primero

A menudo nos exponen un proyecto, un producto o una empresa y nos preguntan si algo en concreto es, o no, activismo de mercado. O, directamente, nos preguntan qué negocios podrían iniciar que entrasen dentro del “modelo”. Pero hemos dejado claro que eso es, en cierta medida, imposible… porque el adm es un estilo, y no un modelo. Es un concepto amplio en el que caben el agorismo, la economía (o producción) directa, la acción en mercados negros o grises, el emprendedurismo antisistema, y muchas otras fórmulas más concretas que permiten mejorar el entorno, e incluso van orientadas a ello. Fórmulas que son viables como negocio, o incluso muy rentables.

Aclarado eso, y dejando también claro que nosotros nunca emitiremos una Certificación del Buen Mercactivista (como esas certificaciones de bondad empresarial tan vacías, y que tanto abundan), quedamos liberados para aconsejar humildemente y tratar de aportar guías útiles, mientras analizamos y actuamos, tal como recibimos consejos y guía de otros. De manera similar a cuando te liberas de la falsa creencia de que puedes planificarlo todo, y, en consecuencia, comienzas a planificar de forma sana, dispuesto a ser flexible y buscando la resiliencia, preparando la cintura para los muchos quiebres que harán falta. Mientras seamos conscientes de que esto no es una cátedra, creemos que es positivo proponer e intentar guiar

Una vez entendemos, pues, que es cuestión de una interacción dinámica, de intención, resultados y actitud, y que no hay una fórmula ideal para ser activista de mercado, sí que podemos tratar de descubrir qué es, en nuestro marco, lo más potente que puede hacer un activista de mercado.

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El mercado ya es eficiente

La eficiencia se refiere a obtener el mejor o máximo rendimiento, y el mejor resultado, utilizando el mínimo posible de recursos. Un motor es más eficiente cuanto menos coja y más saque. Una acción humana es más eficiente cuanto más y mejor produzca con respecto al esfuerzo y los recursos empleados.

La parte de la innovación, las redes, las relaciones fructíferas más allá de lo local… Es el signo de los tiempos, y nada tenemos que aportar ahí. Somos felices de haber podido vivir algo tan importante como el nacimiento de la red (Internet) y verla cambiar el mundo tan radicalmente que, quien no vea el cambio de era, no se está enterando.

Cuando hablamos de mercado decimos que no nos obligan a consumir ni a producir, hablamos de un proceso libre, y la conectividad es la herramienta más potente de la historia para transformar libertad de acción en acción, e incluso para saltarse las normas de quienes quieren decirnos qué hacer en todo momento. En definitiva, es el momento del mercado, de sus bondades ultrapotenciadas por actores completamente conectados, con la inmensa riqueza que eso está generando. El presente y el futuro se unen y nosotros no vamos a acelerarlo más. No es la parte activista como tal la que hace que la gente se sienta cercana y colabore con sus pares de forma mucho más eficiente en tanto que no tiene que buscarlos en su entorno local o “crearlos”… Eso lo hacen Internet y la naturaleza humana.

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Pero el rechazo al mercado es profundo

Eso es absolutamente obvio. Más allá de la pura ansia estatal de controlar la forma en que la gente se comunica por Internet, también hay un poso cultural que apoya esos esfuerzos con discursos débiles pero persistentes. Por suerte, la vida se abre camino, pero, a fin de dar el siguiente paso, ayudará comprender que el rechazo al comercio y al mercado no es sólo una cuestión cultural.

Para entender ese profundo, antiguo y muy cristiano rechazo, que nada tiene que ver con la justicia y mucho con el poder, os remito a Los Enemigos del Comercio, quizá el mejor lugar para entender las raíces históricas y el desarrollo de esta aversión al alza, y un libro que nos llama intensamente a postear aquí en el futuro.

Dicho esto, debemos entender que no es sólo una mentira mil veces repetida lo que lleva a la gente a la inacción y a pedir constantemente al estado – aunque este no tenga nuestros problemas reales en su agenda, sino las cuestiones emocionales que le soportan y que favorecen a uno u otro signo para ocupar el panel de control – en lugar de hacer. Hay realidades muy tangibles, pero resolubles, y que no forman parte estrictamente de la batalla de las ideas. Y es que…

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El Estado es eficaz

La eficacia es la capacidad de alcanzar el resultado deseado de forma completa, y suele entenderse que con el mínimo de tiempo posible, o con el menor número de intentos posibles. Algo, por tanto, puede ser muy eficaz pero altamente ineficiente. Ejemplo: matar moscas a cañonazos. O arrasar el Amazonas para destruir a un mosquito que te molesta.

No es sólo una cuestión cultural, no es sólo un engaño. Los humanos encuentran seguridad en la irresponsabilidad, y es evidente que el mercado, tal como lo definimos, exige siempre acciones y responsabilidades para con los demás y la palabra que les damos. Es un juego con las reglas claras, pero no aporta la misma sensación de seguridad que el estado puede aportar mediante una redistribución coactiva y veloz. No hay mayor eficacia en la transferencia de recursos que la que aporta la violencia. Luego, puede que te toque recibir o pagar. Pero eso es otra historia.

Por ello, se buscan la seguridad y la sensación de seguridad proporcionada por el estado, aunque sea no sólo a costa de la eficiencia, sino a costa también de hacer más inseguras las vidas reales de todos, por medio de confrontaciones innecesarias (derivadas fundamentalmente de la asignación de privilegios y la lucha por conseguirlos), por simple incapacidad material obvia (no puede estar en todas partes) y enfrentamientos multitudinarios (guerras entre países).

¿Está claro por qué digo que no es sólo una ilusión? Porque la eficacia del estado no es una falacia. El estado tiene el monopolio del uso de la fuerza en un territorio dado, y es, por tanto, muy eficaz y rápido quitando recursos de aquí para ponerlos allá. Como animales que somos, muchas de nuestras acciones buscan la eficacia por encima de la eficiencia, y, mientras el mercado es eficiente, la violencia institucionalizada del estado es eficaz. Si alguien se está desangrando delante de mí, no me basta con el orden espontáneo. Necesito salvarle ya. Así, la cuestión, lo que como activista puedes mostrar a tu comunidad y a la sociedad en general es que…

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Tú puedes serlo más

No sé cuales son los negocios y las acciones posibles. No podría hacer un catálogo con sentido por mucho que estudiase durante diez vidas. De hecho, creo que durante esas diez vidas el catálogo iría creciendo mucho más allá, cada vez, de mi capacidad, porque la capacidad acumulativa conjunta de resolución de problemas por parte de millones de personas es mucha tela.

¿Cuándo se conseguirán soluciones eficaces? Pasará, claro, tarde o temprano. Pero para las cosas urgentes hay prisa. Así que: se dará antes cuanto más empeño pongamos. En hacer, no en pedir. Cuanto más nos arremanguemos y antes desaprendamos sandeces para dejar sitio a saberes fundamentales. No vale montar una congregación llamada Eficacia Real Ya. Tenemos que ir encontrando y replicando soluciones no sujetas a las decisiones de un burócrata que va con el viento político (a nuestro favor o en nuestra contra, pero nunca por nosotros), sino ejecutadas por personas, ofrecidas en libertad; dándole la oportunidad a otros de decidir si es, o no, lo mejor para ellos, en cada una de las interacciones. La democracia radical que buscan algunos tiene su máxima expresión en la simple, y llana, Libertad. Y a ese proceso en libertad es a lo que llamamos, mira por donde… Mercado.

Puedes aprovechar esas nuevas tecnologías, como la impresión 3D, que te habilitan para hacer nuevas apuestas de mercado en múltiples sectores, mejorar o salvar vidas, cambiar cosas radicalmente y traspasar los límites productivos actuales en múltiples vectores. Puedes desarrollar apps, puedes buscar soluciones sencillas a problemas complejos, y todo ello puede llevarte a una mejor consecución de objetivos en cualquier ámbito. Puedes crear medios online con escasísimo coste.

Sabes que eres más eficiente que el estado, pero puedes ser también más eficaz. Puedes crear un servicio de ambulancias mega-rápido, una solución de transporte público, unas urgencias móviles, un servicio de comida a domicilio o de millones de servicios posibles a domicilio. Puedes hacerles sentir mejor enseñándoles cómo funcionan, y qué pueden hacer, pues eso es tremendamente eficaz, chute rápido. Puedes montar urgencias veterinarias, urgencias para adictos, urgencias, urgencias, urgencias. La palabra clave, tras “eficacia” es “urgencia”. Y luego están “seguridad” y “cobertura” ¿Veis? Un catálogo apresurado para empezar.

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¿Cómo centrar un negocio de alcance en solucionar un problema?

Porque no hay otra forma de centrar un negocio. O sea: como se ha hecho toda la vida. Como el panadero resuelve que puedas comer a gusto. Con pan. Como se hacen todos los negocios que funcionan, desde un bar hasta Google. Pero también como, tecnológicamente, está a nuestro alcance desde 1996 y en crescendo gracias a internet y, muy resaltablemente, gracias a la conectividad móvil. Haciéndolo de pequeña escala y buscando el mayor alcance posible.

También puedes encontrar a gente que busca solucionar problemas desde el activismo (oenejés de todo tipo) y moverles, poco a poco, a modelos de negocio que conviertan su pedir en un hacer eficiente. ¿No hay acaso enorme cantidades de negocios que comienzan con  “qué asco de ciudad, no puedes comerte una pizza a las 3 de la mañana”, “vaya mierda de transporte, qué bus más asqueroso el que lleva a mi hijo”, ” será posible la mierda de gimnasio de mi pueblo” o “manda huevos que el aluminio valga lo que vale… Etecé, etecé, etecé…

Velocidad, urgencia… Seguridad y cobertura

Llegad antes que nadie, porque el mundo va rápido. El reparto a domicilio es algo que aporta velocidad, y la velocidad es simplicidad. Proliferen los repartos de tabaco, fármacos, los “a domicilio” al estilo bonaerense, e incluso la atención médica a domicilio versión fast. No tengáis miedo de ser caros, eso os permitirá empezar. Después aparecerá, o haréis aparecer, el low cost, mejorando procesos, creciendo, o teniendo mayor alcance. Hacedlo fácil, entre varios, pero asegurándoos de que les dais algo que buscan y les gusta. De eso van las empresas, de hacer feliz a la gente, que decía un antropólogo. Y rapidito, ya digo. La gente tiene prisa. Cuando se siente mal, tiene prisa. Cuando tiene miedo, tiene prisa. Ofreced vuestro trabajo para reducir el miedo. Luchad contra el miedo y la soledad. Como modelo de negocio.

Más seguridad mezclada con velocidad, e incluso con omnipresencia. Aclararé que la cuestión energética es también cuestión de urgencia y seguridad: cuando la gente quiere ducharse, necesita agua caliente en ese momento, y cuando enciende un interruptor, quiere que se encienda una luz. Por no hablar de la seguridad real que podrían aportar fórmulas monetarias nuevas (sin que los bancos centrales puedan devaluar a placer) que eviten en el futuro la depreciación por decreto de tu dinero. Y cuando hablamos de seguridad y defensa, tengamos presente que hay más opciones aparte de las que nos parecen obvias. Por no hablar de la seguridad jurídica, para la cual también tenemos hoy mejores y más libres herramientas.

Usad primero lo que existe, pero buscad que la gente suelte un suspiro de alivio al pagaros. Podéis negociar en grandes coops con las aseguradoras y hospitales. ¿No lo hace el estado? Claro, no es vuestra salud, sino vuestro voto, su incentivo. Hablarán de ello para conseguir ese voto, pero lo escatimarán antes que escatimar en las armas que les mantienen protegidos de vosotros. Extended a un pequeño entorno no comunitario estas ventajas, dentro de vuestras posibilidades. Haced un regalo. Luego ofreced más. Igual os sorprendéis de lo que la gente está dispuesta a ofreceros a cambio de seguridad. El estado vende “seguridad”, pero ni la da, ni, de darla, lo hace de forma ética. Primum non nocere. Hacedlo de forma ética.

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Seguridad, Sensación de seguridad… Futuro

El estado da una falsa sensación de seguridad derivada del monopolio de la violencia, del acaparamiento de rentas y recursos. Ofrecer un marco seguro, ajustado a las circunstancias y necesidades de cada uno, es simplemente imposible para él. Echadle una mano, anda. Las viejas sociedades de apoyo mutuo (que no eran otra cosa que pequeñas, o no tan pequeñas, mutualidades aseguradoras) funcionaban y funcionarán mejor de lo que nunca lo hicieron en un mundo de diferentes lógicas y redes intrincadas, si sabéis usar las herramientas de que disponemos en un momento de muchos y profundos cambios.

Comunidades de menos de 150 personas, confederadas en filés, pueden dar más seguridad real que cualquier estado, y son grupos de personas que, además pueden hacer apuestas conjuntas de mercado que les den, junto a la mutualidad, una inmensa autonomía. En pequeños grupos, donde cada uno tiene sentido para los demás como individuo, es donde podéis construir cosas potentes. Las cosas pequeñas tienen un buen centro de gravedad.

Futuro, opciones… Vidas interesantes, vidas productivas

Educación alternativa. Redes de producción y consumo. Nuevas fórmulas. Redes para criar gente apasionada, y que permitan disfrutar del espectáculo también a los no creativos y no apasionados.

Nuestro propio proyecto de vida, que busca tanto su propia autonomía como el enriquecimiento del entorno – no sólo geográfico -, pretende crecer confederalmente, añadiendo más comunidades productivas, más activistas de mercado, que nos hagan a todos más capaces de alimentar, cultivar y compartir nuestras pasiones.

Usando el mercado para actuar de forma ética, con un alcance global y con el respeto por las fórmulas de otros, sean clientes o socios confederales.

No es demasiado complejo, y puede ser laborioso, pero tampoco es demasiado difícil.  Sólo tenéis que meterle sangre, nervio, fuerza. Ya sabemos que sale bien. Y que donde hay comercio, las costumbres son dulces.